Sta Catalina
Uno de los barrios urbanos más antiguos de Palma reluce de nuevo con todo su esplendor
No hace tanto tiempo que nadie se preocupaba del barrio tradicionalment rico de Palma, Santa Catalina, situado en
la parte oeste del Paseo Mallorca. La barriada perdía cada vez más significado, los clientes no venían y sus habitantes tenían que luchar diariamente por su subsistencia.
Se les tuvo que ocurrir la idea de dejar resucitar la historia otra vez a unos jóvenes arquitectos. Las antiguas casas, que en parte ya estaban desmoronándose -aquí se construía antiguamente sólo de 1 a 2 plantas- fueron reconstruidas con esmero y restauradas. Un paseo a través de Santa Catalina es lo mismo que trasladarse a otra época de cientos de años atrás y a pesar de todo seguir viendo la modernidad.
El Hotel Cuba construido en el año 1904 se renovó con mucho esmero, así como también el teatro “Mar i Terra” de 1898 que se reabrió hace poco. Ambos edificios son testigos del tiempo de una época significativa. Aún en la época de los moros (902-1229) aquí estaba el llamado “ombligo de la isla”: el Mercat de Santa Catalina, el Mercado de Santa Catalina. Los pescadores y campesinos vendían aquí el pescado fresco y la cosecha fresca a los burgueses ricos de la isla. En 1249 el rey Jaume I concedió los derechos municipales del mercado a los puestos de venta.
La oferta del mercado ha cambiado también, naturalmente, con el paso del tiempo. Hoy usted puede pillar productos típicos mallorquines, así como también mercancías y alimentos de todo el mundo. Aquí vienen a comprar los cocineros de restaurantes prestigiosos los ingredientes frescos que necesitan diariamente. Por la mañanas a partir de las 7 se abren las naves del mercado y a las 2 de la tarde cierran otra vez sus puertas. Quien no haya estado aquí no ha visto el alma de este barrio urbano.
En esta zona de Palma nos encontramos con todo el mundo, ya sean suecos, americanos, chinos, japoneses, ingleses o alemanes; cualquiera de ellos tiene que haber estado aquí alguna vez.
En los estrechos callejones de la barriada se alinean las cafeterías una al lado de la otra. Hay bastantes restaurantes y cada propietario quiere superar holgadamente a la competencia. Casi no hay ni un solo local en esta zona de Palma que no se pueda recomendar.
El poder de atracción de Santa Catalina tiene que tener algo especial en sí mismo, pues por algo se han instalado aquí también otras personas de negocios. Se puede ir de compras a placer.
Los precios del terreno se han disparado rápidamente, se es algo especial otra vez en el “ombligo de la isla”.
Los vecinos no se llaman a sí mismos “palmesanos” como el resto de los habitantes de Palma, ellos son los
“catalinos / as”. Todos se conocen y se dirigen la palabra entre ellos sólo con el nombre de pila.
Al principio ellos se mostraban escépticos frente a la modernización y reconstrucción; ahora, después de haber visto el resultado casi todos están felices y satisfechos otra vez.
La visita a Santa Catalina tiene que formar parte necesariamente del programa de excursiones. Sólo así usted conocerá bien los origenes de la ciudad palmesana, sin renunciar al toque de metrópoli que esta ciudad ofrece
