Sátira
por Jutta Rielau
A España le amenaza la quiebra, de ahí que ya tampoco ayuden ni la metedura de pata ni el valioso marfil que hace poco disparó el inquieto monarca de forma altruista. En vez de ello el Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera debería pues aportar remedio pero sólo en la variante “light”. Reestructuración de los entes bancarios, sí, pero ¡cielo santo, no a costa de los presupuestos del Estado!
Un comentarista de televisión desprevenido dijo recientemente en relación a esta recatada modestia: “… a decir verdad el orgullo español impide la aceptación del paquete de rescate en su totalidad.” ¡Bueno, por favor, apreciado señor comentarista de televisión!
¿El orgullo español? Eso seguro que no tiene nada que ver con el hecho de que al gobierno en este país le guste renunciar a controles y, todavía peor, a condiciones rigurosas.
Incluso si en una isla como Mallorca políticos de piernas cortas y con mucha clase llamados Matas y Munar malversan millones haciendo que la corrupción florezca como una buganvilla bajo el sol resplandeciente de Julio… ¿Entonces, qué aparecería primero si la apresurada plantilla de auditores de la UE mirara entre todos los bastidores españoles?
Es inconcebible, si bien en el resto del mundo saliera a la luz lo que opinan desde hace tiempo algunos que otros nacionales interesados en la política: en cierto modo España se parece más a una república bananera que a un módulo ejemplar de la Unión Europea. Dicho sea de paso, a los médicos les gusta observar en estos días que la crisis de aquí se atribuye al reventón de la burbuja inmobiliaria. ¿Debería ser esta trágica deficiencia orgánica realmente el principal factor desencadenante?
¿No podrían fundarse también algunas maniobras técnicas bancarias incorrectas en que en este país más bien no gusta tener amplitud de miras? ¿Qué puede esperarse de un país dominando de forma aproximada precisamente 17,5 banqueros de los ingleses, mientras los restantes 10.555 compañeros ni siquiera sospechan que después de todo hay algo exótico como idiomas extranjeros?
¿Para qué también? ¿Quién necesita ya en tiempos de la globalización de los mercados medidas de entendimiento internacionales incluida la amplitud de horizontes?! En España de todos modos gusta adjudicar algunos carguitos de otra manera. En este caso cuenta más simple y llanamente el grado de parentesco que la formación y competencia. Con millones a pesar de todo gusta hacer malabarismos… En algunas partes del sistema pervertido gobiernan la avaricia, la megalomanía y el nepotismo. ¿Y el resto de la gente? Se le mantiene a raya (y actualmente más que nunca).
Pensándolo bien, desde hace siglos en España ha cambiado poco. ¡Que viva el reino! ¿Quién me regala una banderita?
